martes, 6 de abril de 2010

Guerra en el Rif y desastre de Annual.





Desde los últimos años del siglo XIX la presencia española en Marruecos había ido en aumento, pero tras el Desastre del 98 la posibilidad de una intervención colonial en la zona se presentaba como un remedio a la frustración militar y política que se había vivido. Por eso, tras un primer reparto en 1904, la Conferencia de Algeciras, dos años más tarde, certificaba la división de la zona en dos áreas de influencia: al sur para Francia y al norte para España. Pronto algunas compañías mineras, acompañadas de efectivos militares, comenzaron a explotar los recursos minerales de la región.

En julio de 1909 se produjeron ataques de algunas cabilas rifeñas contra trabajadores de esas compañías, a lo que el gobierno respondió enviando refuerzos procedentes de reservistas de Madrid y Barcelona. Esta polémica decisión se agravó con la derrota del Barranco del Lobo, en la que murieron cientos de soldados y el propio general Pintos. Los ataques contra la ciudad de Melilla continuaron en los meses siguientes, y fue necesaria la firma de un nuevo acuerdo franco-español y una sostenida campaña militar para acabar con la resistencia. Fruto de esta campaña fue la conquista de Larache, Arcila, Alcazarquivir y el Monte Arruit, en pleno corazón del Rif.

Pero la guerra de Marruecos parecía un mal endémico para España. Así, en 1919, Francia amenazó con revisar el tratado de reparto si el ejército español no lograba pacificar su zona, desde Larache a Melilla. Ahora, además, a las dificultades cotidianas se añadía la rebelión de Abd el Krim, que había sublevado a las cabilas locales y pretendía establecer una república independiente.

En julio de 1921, el general Silvestre inició un arriesgado avance hacia el interior, sin asegurar su retaguardia, hasta llegar a Igueriben, cuyo abastecimiento debía ser realizado desde Annual. Cuando la guerrilla rifeña cortó las comunicaciones entre estos dos puntos el general queda aislado y se decide la retirada hacia monte Arruit. En medio del caos, sin órdenes claras, los soldados españoles son cazados uno a uno, muriendo miles de ellos. Aparte del propio general Silvestre, algunas fuentes hablan de hasta doce mil muertos en un solo día.

Las tropas rifeñas llegaron hasta la propia Melilla, que pudo resistir, y se apoderaron de una gran parte del territorio, que no fue definitivamente reconquistado hasta el desembarco de Alhucemas, en 1925. De todo ello se han conservado impactantes fotografías, recopiladas en este enlace.

La literatura que ha generado esta guerra ha sido significativa, desde el Blocao, de José Díaz Fernández, hasta Imán de Ramón J. Sénder, obras maestras del género. También se ocupó del tema Arturo Barea, en la segunda parte de su trilogía de la Forja de un Rebelde, llamada La Ruta, donde describe la desastrosa organización que allí se vivía. Hoy en día, la última novela es la de El nombre de los nuestros, de Lorenzo Silva.

Igualmente, los estudios militares son muy abundantes. Os he incluido en la fotografía superior el esplendido libro titulado El blocao, muy bien documentado, obra de Juan García del Río y Carlos González Rosado; también el de Eduardo Gallego Ramos, titulado la campaña del Rif de 1909, que tiene el valor del testimonio del autor, contemporáneo a los hechos que está analizando. En cualquier caso, y sólo a titulo estimativo, en este enlace podéis apreciar la cantidad de obras sobre el tema. 

Al respecto, quiero recomendar dos blogs.
a) Este blog sobre la historia de la campaña de Melilla.
b) Este otro sobre el desastre de Annual.

También el cine se ha ocupado del tema. Así, ya en 1909, se rodó un documental llamado el blocao Velarde, y en 2003 una película mallorquina, titulada El blocao, llegó a estrenarse, aunque su éxito en taquilla fue más bien escaso.

Por último, y sobre la utilización de armas químicas en esta guerra, por parte del ejército español, se rodó un documental llamado arrash (veneno ) que puede verse en este enlace.

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