domingo, 28 de noviembre de 2010

La España del siglo XVI: cultura y mentalidades.

(Inicio del Libro de Elio Antonio de Nebrija., Gramática Castellana. Fuente: Biblioteca Nacional de España. Hemeroteca Digital Hispana)

(Proceso de Fe contra Cristóbal de Ovando. AHN, Consejo de Inquisición, 1646, Exp. 6)

(Proceso inquisitorial contra María Pizarro, que murió en las cárceles secretas de la Inquisición de Lima, Perú. AHN, Consejo de Inquisición, 1647, exp. 1)

Con el reinado de los RRCC, y sobre todo de Carlos V, entran en España las tendencias literarias y artísticas del Renacimiento italiano. El instrumento de difusión cultural fue el castellano, prueba del protagonismo español en la Europa del XVI. Así, ya en 1492 el gramático Elio Antonio de Nebrija publicaba una Gramática de la Lengua Castellana, en el que exponía la relación entre Lengua e Imperio.

En el campo de la literatura destacaremos a autores como Garcilaso de la Vega, Boscán, Fernando de Rojas (autor de La Celestina) y, ya entrado el siglo, asistiremos a la publicación de El Lazarillo de Tormes, que inaugurará el género de la novela picaresca. Ya en la segunda mitad del XVI despuntó la literatura mística, con escritores como San Juan de la Cruz o Santa Teresa de Jesús.

Con todo, la cultura y la mentalidad del XVI estuvieron impregnadas de sentimiento religioso. Y en este aspecto el papel de la Iglesia se hizo cada vez más poderoso. Desde unos inicios en los que se pretendía una reforma, hasta la imposición de lo acordado en el Concilio de Trento y la extensión del poder de la Inquisición. Esta institución medieval fue introducida por los RRCC en 1478 para perseguir a los falsos conversos, y a partir de entonces, en colaboración con el brazo secular, extendió su radio de acción contra la herejía protestante, la brujería, la blasfemia, las desviaciones doctrinales de los clérigos y la homosexualidad. Los acusados, después de un proceso pautado, que incluía cárcel, tortura y juicio, solían terminar en un acto público de arrepentimiento o Auto de Fe. En esta ceremonia se ejecutaban las penas de muerte en la hoguera y se leían las sentencias de otros castigos.

En 1553 la Inquisición publicó su primer índice de libros prohibidos y cinco años después se instauró la censura. Poco después se publicaron los edictos del Concilio de Trento y cualquier pequeña manifestación de heterodoxia podía llevar a la cárcel inquisitorial.

martes, 23 de noviembre de 2010

España: economía y sociedad en el siglo XVI

(Vista de Madrid. Anton Van der Wyngaerde. 1562)

(Mapa de la Península de Abraham Ortelius, Hispaniae Veteris Descriptio. 1586. Fuente Instituto Geográfico Nacional.)



(Economía y sociedad de España en los siglos XVI y XVII. Artehistoria.com)

A lo largo del siglo XVI el crecimiento demográfico fue general, si bien más pronunciado en Castilla que en Aragón. La población de ambos reinos pasó de unos 6,5 millones de habitantes al inicio del siglo, a unos 8 al término del mismo, lo que suponía un crecimiento superior al 20 por ciento de la población. Este crecimiento de la población influyó, en parte, en el desarrollo económico que se produjo a lo largo de los primeros dos tercios del siglo.

Otro elemento relevante fue la llamada "revolución de los precios", en expresión del historiador Hamilton. Desde el inicio de siglo, se produjo en toda Europa un fenómeno nuevo, un alza de precios continua y sostenida, que parece relacionada con la llegada de metales preciosos procedentes de América. Otras teorías apuntan, sin embargo, a la acumulación de muchos años consecutivos de malas cosechas, que hicieron subir el precio de los alimentos.

A partir de mediados de siglo empezaron a aparecer los síntomas inequívocos de una crisis. Como los productos castellanos eran más caros, pronto el mercado se llenó de productos extranjeros más baratos. Pero la principal causa de fue el enorme desgaste económico que supusieron las guerras europeas para Castilla. Desde comienzos del reinado de Carlos, la corona mantuvo una presión fiscal creciente, aumentando los impuestos de forma continua.

Con Felipe II no mejoró la situación. Heredó una Hacienda exhausta, y a lo largo del reinado recurrió por tres veces a declarar la bancarrota. Para evitar los impuestos, muchos fabricantes optaron por cerrar sus negocios e invertir su dinero en juros, títulos de deuda con los que la Corona obtenía más dinero para financiar su política exterior.

Lentamente toda la riqueza de Castilla, y en menor medida de los otros reinos, se fue diluyendo, sobre todo porque los campesinos y trabajadores urbanos eran los únicos que sostenían, con unos impuestos elevadísimos, la ruinosa política europea de los Austrias.