martes, 23 de noviembre de 2010

España: economía y sociedad en el siglo XVI

(Vista de Madrid. Anton Van der Wyngaerde. 1562)

(Mapa de la Península de Abraham Ortelius, Hispaniae Veteris Descriptio. 1586. Fuente Instituto Geográfico Nacional.)



(Economía y sociedad de España en los siglos XVI y XVII. Artehistoria.com)

A lo largo del siglo XVI el crecimiento demográfico fue general, si bien más pronunciado en Castilla que en Aragón. La población de ambos reinos pasó de unos 6,5 millones de habitantes al inicio del siglo, a unos 8 al término del mismo, lo que suponía un crecimiento superior al 20 por ciento de la población. Este crecimiento de la población influyó, en parte, en el desarrollo económico que se produjo a lo largo de los primeros dos tercios del siglo.

Otro elemento relevante fue la llamada "revolución de los precios", en expresión del historiador Hamilton. Desde el inicio de siglo, se produjo en toda Europa un fenómeno nuevo, un alza de precios continua y sostenida, que parece relacionada con la llegada de metales preciosos procedentes de América. Otras teorías apuntan, sin embargo, a la acumulación de muchos años consecutivos de malas cosechas, que hicieron subir el precio de los alimentos.

A partir de mediados de siglo empezaron a aparecer los síntomas inequívocos de una crisis. Como los productos castellanos eran más caros, pronto el mercado se llenó de productos extranjeros más baratos. Pero la principal causa de fue el enorme desgaste económico que supusieron las guerras europeas para Castilla. Desde comienzos del reinado de Carlos, la corona mantuvo una presión fiscal creciente, aumentando los impuestos de forma continua.

Con Felipe II no mejoró la situación. Heredó una Hacienda exhausta, y a lo largo del reinado recurrió por tres veces a declarar la bancarrota. Para evitar los impuestos, muchos fabricantes optaron por cerrar sus negocios e invertir su dinero en juros, títulos de deuda con los que la Corona obtenía más dinero para financiar su política exterior.

Lentamente toda la riqueza de Castilla, y en menor medida de los otros reinos, se fue diluyendo, sobre todo porque los campesinos y trabajadores urbanos eran los únicos que sostenían, con unos impuestos elevadísimos, la ruinosa política europea de los Austrias.

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